De cerebro a cerebro

   «La diferencia entre perder y ganar a menudo consiste en no abandonar.» 

Walt Disney (1901-1966)

 Mas que clara es la afirmación que el ilustre dibujante nos ofrece. Resulta curioso que a pesar de ser un personaje tan reciente su figura está envuelta en mitos. Uno muy repetido −falso con toda certeza− es el que su cadáver está hibernando a la espera de que la ciencia pueda revivirlo. El segundo sí podría ser cierto y así lo creía el propio Disney cuando se lo confesó a su amigo Salvador Dalí. Habían trabajado juntos con Alfred Hitchcock en “Recuerda” (Spellbound, 1945) y, al año siguiente −ya sin el director británico− hicieron el corto de seis minutos Destino (título original en español), que no pudo estrenarse en el cine hasta después de medio siglo, siendo nominado al Oscar en 2003. Si este segundo rumor fuera cierto Walt habría nacido en España −concretamente en Mojácar− con el nombre de José. Sería hijo ilegítimo del médico del pueblo (¡caramba con el colega!) con una lavandera que hubo de emigrar a EE.UU. y, debido a dificultades económicas, lo dio en adopción a un matrimonio de Chicago. En cualquier caso, los personajes que salieron de su imaginación como Mickey, Goofy y Donald acompañaron nuestra infancia divirtiéndonos y proporcionándonos un sano optimismo frente a la vida. Quizás hoy con lo que ofrece la empresa que gestiona su legado no podríamos decir lo mismo, pero como leemos en La historia interminable del escritor Michael Ende (que él sí es alemán, sin duda):“…esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión”.

Volvamos la frase del principio que ahora entendemos mejor y quedémonos con la idea de que en la vida es necesario saber sufrir y seguir adelante, aunque las cosas vengan mal dadas. La sabiduría popular también lo refrenda: “El que resiste gana”. Y es que cuando el viento sopla a favor todos somos capitanes, pero cuando llega la tempestad es cuando se ve la verdadera valía de la persona.

El psiquiatra y psicoanalista francés Boris Cyrulnik es el máximo divulgador del concepto de resiliencia o capacidad de adaptarse y superar las circunstancias adversas. Algo sabrá él del tema porque siendo niño, durante la Segunda Guerra Mundial y debido a su origen judío, fue escondido en una granja. Tristemente desde los cinco y seis años tuvo que ganarse allí la vida, pues sus padres desaparecieron siendo asesinados en un campo de exterminio. Viniendo de unas circunstancias tan duras comprenderemos mejor la importancia que le concede a las relaciones para que el niño crezca sano o desarrolle la resiliencia. Dice nuestro autor: 

“Un cerebro solo se apaga, porque un cerebro para funcionar necesita otro cerebro, necesita una alteridad. Sólo puedo convertirme en mí mismo porque usted está ahí, porque somos dos. Si no hay relación no hay memoria.”   

Y en esta misma entrevista, realizada el pasado mes de agosto, define los tres entornos necesarios para el desarrollo sano de la persona: la madre en el embarazo, ambos padres en la infancia y la sociedad en la adultez. Veamos cómo lo explica el propio Cyrulnik:

“La psicoecología define los tres nichos sensoriales que conforman nuestro psiquismo. El primer nicho es la barriga de las mujeres, porque sabemos que durante los primeros nueve meses el útero pasa mucha información. El bebé aprende a familiarizarse con las frecuencias bajas de la voz materna que ya reconoce durante la hora que sigue al nacimiento.

El segundo nicho sensorial es después del nacimiento y tiene que ver con el cuerpo de la madre, las mamas, los ojos y el brillo de los ojos que reconoce a treinta centímetros. Y también con el padre, que hemos descubierto que tiene más relevancia de lo que pensamos y mucho más temprano de lo que creíamos.

Y, sobre todo, el tercer nicho sensorial compuesto por la palabra y la cultura. Vemos que, cuando hablamos alrededor del bebé, el lóbulo temporal izquierdo está activo, el lugar de los sonidos; en cambio […] Cuando la madre le habla al bebé siente una emoción intensa vinculada a la memoria […] está esculpiendo la zona de los sonidos y la transforma en zona del lenguaje. [Pero cuando se ha producido un problema en el niño] …se puede volver a poner en marcha si se actúa temprano, a través de la sensorialidad, por ejemplo, dando seguridad a un niño abrazándole, y a través de la palabra. Vemos entonces que el cerebro vuelve a funcionar.”

 Boris, Walt (o José, quien sabe) y tantos otros han sabido superar las dificultades que la vida les trajo. En nuestra labor cotidiana encontramos pacientes que sufren abandonos y traumas, que se sienten solos. Sepamos estar cercanos y con nuestras palabras devolverles la seguridad, ser capaces de mantener y transmitir la esperanza de que tarde o temprano lo bueno siempre llega.

Dr. Manuel Álvarez Romero, Médico Internista

Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra

Salud Mental y Humanismo Médico