El Dr. José María Domínguez Roldán, miembro de la Comisión Central de Deontología del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) y Jefe Clínico de UCI en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla hace una reflexión en este artículo titulado «Eutanasia, polisemia y eufemismos» sobre la polisemia en el ámbito médico de esta palabra y las confusiones que esto puede generar.

Si la pluralidad de significados de una palabra o una expresión lingüística, es relativamente frecuente en la lengua española, posiblemente el vocablo eutanasia sea uno de los más polisémicos de nuestra lengua. En “Alicia a través del espejo” el libro del célebre escritor Lewis Carroll, Alicia pregunta “La cuestión es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes” mientras que Humpty Dumpty afirma “Cuando yo empleo una palabra significa lo que yo quiero que signifique, ni más ni menos”, y, por otra parte, también asevera “La cuestión sobre el significado de la palabra es saber quién es el que manda…, eso es todo”.  Debemos preguntarnos ¿está ocurriendo esto con la palabra “eutanasia”? Además de la polisemia, la mayor parte de las expresiones alternativas que se emplean para sustituir “eutanasia” son palabras o frases eufemísticas, concepto que la Real Academia de la Lengua Española hace corresponder con  “manifestaciones suaves o decorosas de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”.

“Ayuda a morir”, “muerte digna”, “ayuda médica a morir”, “ayuda para morir”, “muerte medicamente asistida”, “asistencia en el proceso de la muerte”, etcétera son empleados frecuentemente para sustituir la palabra eutanasia, no solo en el ámbito público, sino también en el terreno médico e incluso legal. Posiblemente, el empleo de estas expresiones no solamente pretende eludir la realidad del acto eutanásico, sino que también, en ocasiones, procura otorgar un carácter laudatorio al médico que lo practica, al intentar manifestar que se trata de un acto benevolente y bien intencionado, que se dirige a ayudar a una persona que no desea vivir.

En el ámbito médico, el término eutanasia, posiblemente no solo sea uno de los más polisémicos, sino que seguramente, el empleo de ese gran número de potenciales sinónimos está generando un importante grado de controversia y confusión.

La etimología de la palabra eutanasia nos traslada a la expresión griega εὐθανασία,  que significa ‘muerte dulce’, o “buena muerte”. Sin embargo, la primera definición de la palabra en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua hace referencia a que la eutanasia es “intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura”, y la segunda acepción define la eutanasia como  “Muerte sin sufrimiento físico”. En el ámbito práctico de la medicina, estas definiciones de la R.A.E. no solamente son insuficientes, sino que posiblemente sean inexactas además de vagas, ya que no sirven para concretar todos los aspectos del fenómeno eutanásico, del acto eutanásico, sus actores, ni su marco.

En la Ley Orgánica 3/2021 de Regulación de la Eutanasia (L.O.R.E.)  se considera la eutanasia como “la actuación que produce la muerte de una persona de forma directa e intencionada mediante una relación causa-efecto única e inmediata, a petición informada, expresa y reiterada en el tiempo por dicha persona, y que se lleva a cabo en un contexto de sufrimiento debido a una enfermedad o padecimiento incurable que la persona experimenta como inaceptable y que no ha podido ser mitigado por otros medios”, definición extraída casi de modo literal de la Ley 2/2010, de “Derechos y garantías de la dignidad de la persona en el proceso de la muerte” de la comunidad autónoma de Andalucía.

En la L.O.R.E. es más abundante el uso de perífrasis, la más frecuente de las cuales es “ayuda para morir”, que de la propia palabra eutanasia; y aunque en la mayor parte de las ocasiones intenta representar a esta, en otras se emplea para referirse tanto a ella como al suicidio asistido, que también se contiene en la L.O.R.E.

El uso de frases sustitutivas del término eutanasia, no es exclusivo de la lengua o legislación española. En las normativas legales canadienses que despenalizan la eutanasia se evita completamente este término, siendo reemplazado por el de MAID o Medical Assistance in Dying,o Ayuda Médica para Morir, similar, aunque no idéntico, al que se emplea en la L.O.R.E., ya que añade un elemento (¨Medical”) en referencia al ámbito donde se debe realizar el proceso eutanásico y quien debe realizarlo.

En Colombia, el desencadenante de la despenalización de la eutanasia, fue la eliminación del código penal colombiano del “homicidio por piedad”, entendido como “aquel que busca la muerte de una persona con la intención de procurar el alivio del sufrimiento”, aunque siempre, según la legislación, en un contexto de enfermedad terminal. Ese concepto de “homicidio por piedad”, está siendo alternado en los últimos documentos legislativos de aquel pais, con el de “muerte digna”, y recientemente (sobre todo en el relativo a la eutanasia en menores) con el de eutanasia.

No obstante, no en todas las legislaciones se rehúye el empleo de la palabra eutanasia, estando reiteradamente presente en la legislación belga sobre eutanasia del año 2002, así como en los posteriores desarrollos normativos de la misma, donde se emplea frecuentemente el término eutanasia, sin eludirlo, y sin el empleo de supuestas sinonimias eufemísticas.

Parece lógico pensar que en un entorno médico y legislativo la polisemia del término eutanasia no hace más que añadir elementos de confusión a un acto cargado de significado humano, la muerte de una persona. Sin entrar en juicio de intenciones sobre las causas del empleo de perífrasis, circunloquios y eufemismos, es posible pensar que en ello puedan estar influyendo diversos factores, y entre los cuales se encuentran: el desconocimiento conceptual de la eutanasia, el temor a reconocer la literalidad del acto, e incluso el intentar encubrir el objetivo real del hecho (producir la muerte)  con la intención (“beneficiar” a  pacientes, sobre todo cuando se emplea el término “dignidad”).

En un acto tan relevante como la muerte de una persona a través de la eutanasia, debemos evitar lo que Humpty Dumpty expresaba “las palabras significan lo que yo quiero que signifiquen” y también desaprobar la propuesta de la Alicia de Carroll “Laspalabras significan lo que quieren que signifique el que manda”.

La vida humana, la muerte, el proceso de la muerte, la dignidad de la persona, el sufrimiento, la piedad, son conceptos que deben ser definidos en el ámbito médico y por aquellos que realmente, en el día a día están en contacto con la persona que sufre y con la persona enferma, el médico.

Fuente: Médicos y pacientes

VI Premio para Jóvenes Investigadores RICOMS

Primer premio de 10.000 € y dos accésit de 5.000 € y 3.000 €