De igual forma que los médicos en activo, los médicos jubilados no pueden cerrar las puertas del alma ni apagar la luz de su profesión ante la actual pandemia. No nos cabe duda que, al igual que en Sanidad, existen otras profesiones que trabajan para las personas, pero no todas lo hacen con personas enfermas o menesterosas de la ayuda que un sanitario pueda prestarle. ¿No es posible que, los pacientes infectados por la COVID-19, sientan escapar sus vidas y los hacen más angustiosamente débiles y más frágiles ante nuestros ojos?

Lo más importante para nosotros ha sido, y sigue siendo, la persona; llegar a ella, ahondar en su psicopatología y comprenderla porque, estas personas, se nos han presentado tan transparentes como un cristal ante el miedo a ser infectadas o fallecer debido a un virus que la OMS desconocía hasta que surgieron unos casos de neumonía producida por un virus llamado SARS-Cov-2 que se habían declarado en Wuhan a finales del año 2019.  

Tratando de huir de toda divagación, yo diría que, todo médico, por el hecho de serlo, está obligado a ser un humanista de por vida con la mera práctica de su oficio, a tratar al enfermo con cierto cariño y sin contentarse con posar simplemente la mirada en él sino reposándola, deteniéndose  y obligándose a hacer una buena recogida de datos para elaborar lo que hemos convenido llamar la “Historia Clínica”, esa auténtica narración o relato pormenorizado de lo que el propio paciente cuenta a través de un dialogo que ha sido, y que esperamos que siga siendo, una técnica insustituible.

Ningún médico jubilado podrá olvidar la imagen de un paciente cuando, desde el umbral de su consulta, aparecía con la inquietud reflejada en la mirada y, ante aquel acontecimiento tan extraordinario, lo primero que hacíamos era mirar bien los rasgos de su rostro, su actitud, sus gestos, su voz, su modo de andar o de sentarse, su mirada o el temblor de unas manos que no sabía dónde apoyarlas. Ante esa evidencia, y en ese preciso momento, salíamos de lo estrictamente científico y reaparecían las más nobles y sensibles funciones de nuestro hemisferio cerebral derecho. Y así seguiremos viendo a los enfermos, porque nada de ellos nos es ajeno y en todos palpita una humilde lección para los que hemos nacido para ser unos estudiantes eternos; unos estudiantes de la vida de los demás.

Estoy convencido de que, todos los médicos jubilados, al quedarnos solos, hemos soñado con la preciosa poesía que hemos hallado en la sonrisa y en los ojos de una madre a la que, en alguna ocasión, hemos ayudado para que pudiera escuchar el primer llanto de su hijo, pero también recordamos que, durante todo el año 2020, hemos llorado y hemos tenido que enjugar nuestras lágrimas ante esta situación de alarma médica y solicitar, desde el Colegio de Médicos de Sevilla, la colaboración del colectivo de médicos jubilados.

Con la simple petición de ayuda que, literalmente hemos copiado del boletín del RICOMS, la respuesta de este grupo de médicos fue impresionante.

«Queridos compañeros, ante la crisis generada por el coronavirus y la sobrecarga asistencial presente y por venir, el Sr. presidente del RICOMS nos pide a todos los médicos jubilados que lo consideren oportuno y/o puedan, que se pongan en contacto conmigo, y por este medio, para poder organizar un grupo real de colaboración ante la alarma generada por el citado COVID-19. Se habilitarán como mínimo diez líneas en una dependencia (aislada) de la Fundación Cajasol en la Plaza de San Francisco, una vez que se organice y se instruyan a los que quieran colaborar. Nuestra misión será responder, previo adoctrinamiento por expertos, a las preguntas que nos haga la población en general sobre esta pandemia. En espera a vuestras noticias os envío un cordial saludo, Carlos Gálvez Martínez (vocal de médicos jubilados del Colegio Oficial de Médicos de Sevilla). Sevilla, sábado 14 de marzo de 2020».

Los médicos jubilados no podíamos quedar impasibles ante la actual situación epidémica porque, a pesar de que ha concluido nuestra vida laboral, no se ha truncado la hipérbole de nuestra vocación y seguimos sintiendo como siempre hemos soñado. Al igual que en nuestros mejores años queremos seguir trabajando al servicio de los demás y, dentro de nuestras posibilidades, colaborar en esta pandemia; una enfermedad que puede ser el símbolo amenazante del fluir inexorable de la vida.

Debo confesar, con toda sinceridad, que estas líneas no han sido fruto de la improvisación sino de una profunda meditación basada en el gran número de pacientes ingresados y fallecidos; un proceso que ha superado el registro de todas las expectativas y que nunca conocí durante los casi 40 años en que he ejercido la noble profesión de la Medicina.

Gracias, compañeros, muchas gracias. Nunca olvidaremos vuestra sincera e inestimable ayuda.

Carlos Gálvez, vocal de médicos jubilados del RICOMS. Sevilla, primavera de 2021.

VI Premio para Jóvenes Investigadores RICOMS

Primer premio de 10.000 € y dos accésit de 5.000 € y 3.000 €