«Lo que realmente necesita el mundo es más amor y menos papeleos.» 

Pearl Bailey (1918-1990)

En las pasadas semanas hemos debido participar en la práctica de algunas gestiones de salud en diversos entornos médicos y hemos podido comprobar una vez más, la invasión tecnológica para el cuidado de la salud de las personas que invade en nuestro tiempo, a numerosos escenarios sanitarios.

En una ocasión se trataba de efectuar un estudio radiológico en una clínica privada y los requerimientos encontrados para poder llegar a término en la tarea fueron bastante difíciles de solventar para un paciente de edad media alta en nuestro tiempo. Y es que las indicaciones de acceso a la solicitud de servicio iban precedidas de la gestión ante una máquina expendedora de tiques numerados a la que había que mostrar quién eras, tu identificación, tu demanda y varias circunstancias más.

Parece obvio que no resulta fácil la gestión informática ante una pantalla colgada en la pared de un pasillo y que va mostrando ventanas sucesivas con un reiterativo siguiente paso hasta finalizar la operación.  Así pues, no fue nada fácil llegar a la mesa radiológica. Y algo similar sucedió en los días siguientes, para conseguir los resultados. No seré exhaustivo, pero sí quiero ser sugerente respecto a la deficiente sensibilidad de órganos planificadores y gestores de los procesos médicos en nuestro tiempo y entorno, en demasiadas ocasiones.

Días antes nos sucedió algo similar, al acompañar a un paciente que acudía a la consulta de un especialista en uno de los grandes hospitales de nuestra ciudad. Y grande fue el asombro al vivir la odisea necesaria para entrar en el hospital después de superar el paso obligado en la cola de identificación de pacientes, que no resultó pequeña, junto al reto de conseguir el acceso al especialista y al visado de la prescripción realizada en esa consulta.

Gran alegría propició el que alguna vez un celador o una enfermera intervinieron en la sala de espera, en auxilio de los desesperados pacientes y familiares, para descifrar las claves de las llamadas en pantallas y las vías de acceso a los lugares pertinentes.  Resultó sorprendente la calidad humana del personal.  Fue muy de agradecer y así lo manifestamos a esos sanitarios.

Ante estos hechos es notable la frustración que surge por la falta de cercanía, perturbada por gestiones tecnológicas e informáticas que ciertamente posibilitan la rapidez a costa de asemejar el ambiente más a un desfile de modelos que a una sala de espera o una consulta médica.

En un reciente congreso celebrado en Sevilla para miles de médicos de Atención Primaria se expresó, desde la Consejería de Salud de nuestra comunidad, que el humanismo médico y la humanización de las consultas ciertamente se mostraba con una sensibilidad y buena voluntad bastante manifiestas. Pero objetamos que en una medida aún pequeña y desproporcionada respecto al humanismo que la atención médica requiere.

Hoy se comenta en algunos medios profesionales que un cáncer, una fractura o una intervención cerebrovascular se atienden mejor que años atrás.  Sin duda, pero también simultáneamente bastantes pacientes actuales, con esos mismos padecimientos, resultan peor atendidos que en tiempos pasados.

He aquí el dilema humanismo o tecnología, médicos o aparataje.  Pensamos que ambos elementos son buenos, pero en la proporción adecuada y oportuna y siempre pensando en la singularidad de las personas, de las enfermedades y de las edades de los pacientes.  Por todo ello deseamos romper una lanza y realizar un brindis por el logro de la satisfactoria proporción de humanidad que siempre ha caracterizado a la medicina y que, con los medios actuales, no debe ser descargada de la cercanía y la valoración que el médico, y quiénes le acompañan en su trabajo, han dedicado habitualmente para con sus pacientes. De ahí que profesionales con trato directo o responsables de la organización, planificación y ejecución de los procesos asistenciales, deben tener conciencia y medios para la deseada aportación humanitaria de quienes padecen la enfermedad, que siempre redundará en la satisfacción profesional del trabajo bien hecho. Es de justicia, sobradamente compensador para todos y fuente impagable de agradecimiento.

Dr. José Ignacio del Pino Montesinos. Psiquiatría

Dr. Manuel Álvarez Romero. Medicina Interna

Salud Mental y Humanismo Médico