“En la soledad

he visto cosas muy claras

 que no eran verdad.”

Antonio Machado (1875-1939)

Existen soledades para cada época del año y para cada edad o etapa de quien las vive. Y las percibimos como deseadas y queridas o por el contrario como recibidas a contrapelo. Se nos hacen presentes como pasajeras o como duraderas. Pero las de peor estilo y las que más daño nos hacen podríamos llamarlas “soledades del portazo y son esas que -con mayor o menor advertencia- nos procuramos a nosotros mismos tras un enfado o una frustración, como diciendo ¡ahí te quedas!…

Podríamos afirmar que, para las personas mayores, el temor más grave y la peor de las enfermedades es la soledad que, en nuestros días, se ha venido a convertir en una condición prevalente de su vida cotidiana debido al desarraigo familiar y social tan frecuentes en nuestros días. Es curioso, pero no logramos sacar tiempo para acompañar a nuestros mayores. Quizá hemos olvidado lo mucho que de ellos aprendimos y seguimos aprendiendo, la enorme validez de sus actuales y sucesivas aportaciones y lo mucho que aún nos necesitan. A modo de test, podríamos preguntarnos qué tal nos portamos, al respecto, cuando volvimos de vacaciones, si les hemos preguntado, contado, escuchado, contemplado algunas facetas de lo que ellos o nosotros mismos hemos vivido.  Y cuando, por ejemplo, llegan las Navidades, con su entrañable sabor familiar y su carga de inevitable nostalgia ¿nos inducen a plantearnos como las viviremos respecto a nuestros mayores?

Sabemos bien que vivir en soledad no implica “sentirse solo”. Resulta conveniente cierta soledad y, en ocasiones puede llegar a ser sinónimo de plenitud.

En la vejez surge fácilmente el sentimiento de abandono, desamparo e indefensión. Y ese sentimiento de no contar con nadie, desemboca en el de no sentirse amado por nadie, ya que, si estás solo, sin lazos que te unan a los demás, acabas por creer que nadie te quiere. Y esto ocurre, precisamente, en el momento en el que más apoyo se necesita, cuando, para seguir viviendo, más intensamente se requiere el aprecio y la valoración, porque el proceso de envejecimiento y las pérdidas que conlleva afectan notoriamente al estado anímico.

Esta angustia de soledad del anciano es algo así como la experiencia de vacío en el tiempo. ¿Qué hago yo aquí? se preguntan muchas personas mayores. ¡Ya no soy nada! La experiencia o el sentimiento de nadaacosan y acompañan. La imagen de la separación y del desarraigo está continuamente presente en la mente de la persona mayor que sufre esa soledad. Pero la respuesta viene exigida por otra pregunta ¿para qué estoy yo aquí? ¿cuál es mi tarea en estos tiempos? De ordinario es necesario expresarlo, hablarlo, comentarlo. Y tener la humildad de dejarse enseñar, querer y hasta parecer importante. Así se combate la soledad, transformando esas soledades que matan, en esas otras que deberíamos llamar soledades acompañadas.

Como venimos describiendo, aunque parezca paradójico, la soledad tiene dos caras: una la de la felicidad, la otra la del sufrimiento. Cuando la soledad se utiliza para reflexionar, meditar, rezar o alimentar la propia vida interior, aparece la plenitud como característica de esas personas que envejecen felizmente, rodeados de afecto y simpatía, aunque su vida no haya sido fácil. Pero es que han sabido y podido salir ilesos en el maratón de la vida, conservando un espíritu optimista para afrontar el futuro. Por el contrario, cuando reluce la cara negativa y sufridora, brotan el dolor y el sufrimiento, tantas veces inútil o estéril, perdemos la perspectiva y podemos sentirnos incapaces de restaurar el daño recibido e incluso rechazar las posibilidades de remedio que entonces se nos brinden.

La soledad patológica es la antesala de la depresión, de la demencia y de la muerte. Por ello, la sociedad tiene que sensibilizarse ante este trágico problema generando y desarrollando programas terapéuticos de prevención y control de la soledad, que deberían detectarla, neutralizarla y, sobre todo, prevenirla.

Manuel Álvarez Romero. Médico internista.

José Ignacio del pino Montesinos. Médico Psiquiatra

Salud Mental y Humanismo Médico

III Jornada Nacional de la Medicina Privada

Sevilla acoge el próximo viernes 30 de septiembre la III Jornada Nacional de la Medicina Privada, organizada por el Colegio de Médicos de Sevilla, que tendrá lugar en la sede de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla.
Más información en www.comsevilla.org
La Jornada podrá seguirse en streaming en el siguiente enlace:  jornadamedicinaprivada.ricoms.es